Cancanilla de Málaga, “Entre Viejos Zarzales”

7. Abril 2010 | Por loscaminos | Categoria: Opinión

El sello discográfico de El Flamenco Vive acaba de sacar al mercado un extraordinario disco de cante, a cargo del cantaor Cancanilla de Málaga, también conocido como Cancanilla de Marbella, con la colaboración de Juan Habichuela, Chaparro de Málaga, Antonio Moya y Juan Antonio Muñoz. He aquí algunas referencias sobre el trabajo.

¡YA ERA HORA! Publicado en http://blog.laopiniondezamora.es/flamenco

 Ya era hora que después de tanta sequía discográfica aparezca la bofetada de aire jondo a cargo de Sebastián Heredia Santiago. O lo que es lo mismo a cargo de Cancanilla de Marbella.

Para este nuevo proyecto Cancanilla de Málaga. Y digo que ya era hora, porque si exceptuamos alguna que otra honrosísima grabación, contadas con los dedos de media mano, y las recuperaciones de “vacas sagradas”: entiéndase Mairena, Chocolate, Chano, Joselero, etc., la producción discográfica, de los al menos últimos cinco años, es auténticamente penosa. En algunos casos de extremada vergüenza para el sufrido aficionado.

Por eso el disco de Cancanilla no sólo es bienvenido y bien hallado, también se presenta como referente imprescindible para todos esos personajillos, que sin haber empatado con nadie, quieren sacar ventaja del arte excelso, deformando a los artistas y aficionado poco avezados o neófitos ¿Los llaman promotores? Y de ese “ganao” desafortunadamente tenemos mucho. Más que nunca “el flamenco” vende y por ello tantos parásitos dispuestos a chupar de la teta de la fecunda vaca. Algunos hasta obtienen premios nacionales emborronando cuartillas en forma de libro.

Por eso este disco es necesario. Más que necesario imprescindible en cualquier discoteca flamenca que se precie.

No vamos a comentar los cantes efectuados. Reseñar, no obstante la extrema generosidad de la entrega: por encima de la hora y cuarto de jondura y buen hacer. Pero la negativa a comentar el contenido tiene que ver con la decisión de ese “ángel de la guarda flamenca” llamado Alberto Martínez de la Fuente al encargarle el sabio comentario a quien, -habiendo demostrado con creces a través de sus colosales estudios, compartidos con su tío Luis, sobre el maestro de los Alcores sus habilidades musicales, investigativas y de transmisión escrita – esta llamado a ser referente imprescindible de la flamencología presente y futura: Ramón Soler Díaz. Expresado en otros términos, el libreto que acompaña al CD es del máximo nivel, tanto en textos como en fotografías. Amén de otros comentarios que con mayor o menor fortuna ya se encuentran en la red.

Añadir que el acompañamiento musical del disco ha corrido a cargo de Juan Habichuela, Chaparro de Málaga, Antonio Moya y Juan Carmona. Pero también, que con quién mejor nos suena este nuevo prodigio del cante por derecho -Vividor experiencial de cincuenta y bastantes años- es con Juan Antonio Muñoz Pacheco. Ese maestro de Aranjuez agazapado, que imparte sapiencia en todos aquellos momentos en que la situación artística se lo permite, representa la mejor garantía actual para acompañar a cantaores por derecho. Por ejemplo en el multitudinario homenaje a Salmerón el pasado mes de enero en el San Juan Evangelista de Madrid acompañando a este genial cantaor.

CANCANILLA BORDA CON HILO GITANO

Publicado por Manolo Bohórquez en el http://blogs.elcorreoweb.es/lagazapera/

A Paco Lérida

Siempre ha habido en el flamenco cantaores de cantaores, y Cancanilla de Marbella -ahora se hace llamar de Málaga- es hoy por hoy el cantaor de los cantaores. En otros tiempos lo fueron Mojama o Antonio el de la Carzá, y ahora lo es Cancanilla. Tiene una voz preciosa y muy gitana, compás para poner un puesto y eso que no puede aprenderse en las escuelas actuales: una gracia natural innata que cautiva a todos. Flamenco Vive acaba de grabarle un CD fantástico, Entre viejos zarzales, que contiene trece cantes magníficamente ejecutados y un cuadernillo de Ramón Soler Díaz en el que cuenta, con pelos y señales, la historia familiar y artística de este fenómeno que durante décadas ha estado metido en los tablaos de la capital de España o viajando por el mundo en buenas compañías y con grandes artistas del baile. Sebastián Heredia Santiago Cancanilla, es uno de esos cantaores nacidos para ejercer el arte. Lo brinda cantando y bailando flamenco, pero podría haberlo hecho tocando el piano o jugando al fútbol. Tiene el don del arte, de la gracia, del soniquete. Lo ves en un escenario y parece que hubiera nacido en una tarima. En realidad ha sido así porque tuvo la suerte de nacer en una familia en la que todos se hacen alguna cosita. Su madre, María Santiago, era una gran cantaora, pero nunca quiso las tablas. Tuvo veinte partos, que se dice muy pronto, y de uno de ellos nació Sebastián, al que su padre, El Chanete, que era tratante de caballos, le puso Cancanilla porque se movía más que una cáncana, especie de araña de andares nerviosos. Trabajó primero en la mar pero poco tiempo, porque descubrió pronto que no era lo que quería hacer en la vida. Con sólo 12 años ya trabajaba en El Platero, un tablao de Marbella. Al poco tiempo conoce al bailarín José Greco, con el que se embarca para América en compañía de artistas como Rafael el Negro, Matilde Coral y Farruco. Más tarde lo descubre Caracol y lo contrata en su tablao madrileño, Los Canasteros, donde está algunos años, para pasar luego al Chinitas y Caripén, el local de Lola Flores y Antonio el Pescaílla. Necesitaríamos un libro para contar tantos años de vueltas por el mundo. Lo cierto es que hace cinco años decidió pararse y, además de dejarse ver en festivales, acaba de regalarnos este magnífico trabajo que ha sido grabado en la Sala Juglar de Madrid y que contiene trece cantes que van desde la bulería inicial a la taranta y la cartagenera que cierran la obra. Con las guitarras de Juan Habichuela,  su hijo Juan Carmona, Antonio Moya y Chaparro de Málaga, el cantaor malagueño borda cantes por soleá y seguiriyas, granaínas y malagueñas, bamberas y soleá por bulerías. Lo interpreta todo con una combinación de poderío, conocimientos y buen gusto, que hacen de este trabajo una delicia para los buenos aficionados. En una época en la que se graba poco cante jondo, y el poco que se graba, es mediocre y de dudosa autenticidad, un trabajo así merece ser bien recibido por los aficionados que aún no se han dejado llevar por las modas. Tenemos que hacer lo posible por apoyar tanto a este tipo de cantaores -no abundan, es cierto-, como a las empresas que invierten su dinero en darlos a conocer el gran público del mundo.

Siempre ha habido en el flamenco cantaores de cantaores, y Cancanilla de Marbella -ahora se hace llamar de Málaga- es hoy por hoy el cantaor de los cantaores. En otros tiempos lo fueron Mojama o Antonio el de la Carzá, y ahora lo es Cancanilla. Tiene una voz preciosa y muy gitana, compás para poner un puesto y algo que no puede aprenderse en las escuelas actuales: una gracia natural innata que cautiva a todos. Flamenco Vive acaba de grabarle un CD fantástico, Entre viejos zarzales, que contiene trece cantes magníficamente ejecutados y un cuadernillo de Ramón Soler Díaz en el que cuenta, con pelos y señales, la historia familiar y artística de este fenómeno que durante décadas ha estado metido en los tablaos de la capital de España o viajando por el mundo en buenas compañías y con grandes artistas del baile. Sebastián Heredia Santiago, Cancanilla, es uno de esos cantaores nacidos para ejercer el arte. Lo brinda cantando y bailando flamenco, pero podría haberlo hecho tocando el piano o jugando al fútbol. Tiene el don del arte, de la gracia, del soniquete. Lo ves en un escenario y parece que hubiera nacido en una tarima. En realidad ha sido así porque tuvo la suerte de nacer en una familia en la que todos se hacen alguna cosita. Su madre, María Santiago, era una gran cantaora que nunca quiso las tablas, o más bien su marido. Tuvo veinte partos, que se dice muy pronto, y de uno de ellos nació Sebastián, al que su padre, El Chanete, que era tratante de caballos, le puso Cancanilla porque se movía más que una cáncana, una especie de araña de andares nerviosos. Trabajó primero en la mar pero poco tiempo, porque descubrió pronto que no era lo que quería hacer en la vida. Con sólo 12 años ya trabajaba en El Platero, un tablao de Marbella. Al poco tiempo conoce al bailarín José Greco, con el que se embarca para América en compañía de artistas como Rafael el Negro, Matilde Coral, Farruco y Paco de Lucía. Más tarde lo descubre Caracol y lo contrata en su tablao madrileño, Los Canasteros, donde está algunos años, para pasar luego al Chinitas y Caripén, el local de Lola Flores y Antonio el Pescaílla. Necesitaríamos un libro para contar tantos años de vueltas por el mundo. Lo cierto es que hace cinco años decidió pararse y, además de dejarse ver en festivales, acaba de regalarnos este magnífico trabajo que ha sido grabado en la Sala Juglar de Madrid y que contiene trece cantes que van desde la bulería inicial a la taranta y la cartagenera que cierran la obra. Con las guitarras de Juan Habichuela,  su hijo Juan Carmona, Antonio Moya y Chaparro de Málaga, el cantaor malagueño borda con hilo gitano cantes por soleá y seguiriyas, granaínas y malagueñas, bamberas y soleá por bulerías. Lo interpreta todo con una brillante combinación de poderío, conocimientos y buen gusto, que hacen de este trabajo una delicia para los buenos aficionados. En una época en la que se graba poco cante jondo, y el poco que se graba, es mediocre y de dudosa autenticidad, un trabajo así merece ser bien recibido por los aficionados que aún no se han dejado llevar por las modas. Tenemos que hacer lo posible por apoyar tanto a este tipo de cantaores -no abundan, por cierto-, como a las empresas que invierten su dinero en darlos a conocer al gran público del mundo.

 

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