EL AROMA DE PACO CEPERO
7. Noviembre 2008 | Por loscaminos | Categoria: OpiniónPuede afirmarse que la guitarra flamenca de concierto ha ido evolucionando de forma distinta a la ofrecida el pasado sábado por Paco Cepero en Villamarta con motivo de sus bodas de oro como guitarrista. Pero el jerezano tiene tal personalidad y tanta sensibilidad que, desde su naturaleza de excelente tocaor (sobre todo en el acompañamiento), puede legítimamente subirse a las tablas más de una hora y tres cuartos para rivalizar con cualquier virtuoso de las seis cuerdas. Sus toques tal vez no tengan el asombroso tejido musical de Paco de Lucía y puede que sus composiciones no posean la complejidad sonora de Manolo Sanlúcar, pero ambos lo admiran fervientemente. Porque el gran logro de Paco Cepero es haber puesto el corazón en los bordones, el alma en las primas y un sentido poético en sus fraseos, flamenquísimos y cabales. El gran logro de Paco Cepero ha sido y es no perder un ápice de flamenquería, hoy que tanto se habla de fusiones y coqueteos con músicas de otros continentes. Paco Cepero canta con su guitarra y ha sido capaz de ofrecer un lenguaje propio y definido con ese rasgueo que araña el ánimo, con ese pulgar que pulsa las mismas entrañas. Sin necesidad de ir a buscar a otras fuentes que su propia inspiración llena de jerezanía y con los rumores escondidos de algún tercio lastimero de Tío Borrico o Terremoto.
Lo ofrecido el pasado sábado sobre el proscenio del Teatro Villamarta fue un relato sobre los episodios más veraces de su vida artística. Y un regalo a quienes tuvimos la fortuna de asistir a la celebración de sus 50 años como artista. Ya que, por encima de cualquier apreciación puramente técnica, queda la espiritual. Cepero con tan sólo hacer sonar las seis cuerdas nos obliga a pellizcar varias veces la butaca para apercibirse que uno está en un teatro y que Paco no te ha llevado de la mano por sus paisajes soñados. Pues por momentos, tus pies se mojan con el agua de la Caleta, tus manos sienten el tirón de su perro bodeguero camino de La Vega, hueles la uva recién vendimiada, se te pega el albero de la Feria del Caballo, sueñas con un amanecer cantaor en cualquier rincón de su Plazuela y montas sobre la elegancia de un caballo cartujano. Paco es capaz de llevarte con verdad a todos los sitios que él ha visto antes de poner sus dedos sobre las cuerdas. Y esto sólo lo hace un artista con mayúsculas. No voy a felicitarlo de nuevo, voy a darle las gracias. De todo corazón y bordón.




