El patrimonio oral y el Tío Maleno
18. Noviembre 2008 | Por loscaminos | Categoria: OpiniónCometemos un gran error si sólo consideramos como patrimonio de nuestros pueblos lo fácilmente tangible. A nuestra sociedad y a nuestros responsables públicos sólo parecen preocuparles la masa patrimonial formada por las catedrales, los edificios con interés históricos, los mosaicos romanos encontrados al hacer el desdoble de una carretera o la pintura rupestre hallada en alguna cueva perdida. Y no siempre en todos los casos, que es mucho más cruel. Incluso, a la sociedad en general le aterra el efecto del cambio climático cuando vemos en televisión como los glaciares de los polos van desapareciendo sin remedio y las aves migratorias comienzan a hacer su verano en las costas de Finlandia.
Pero nada de esto ocurre, por desgracia, cuando se van cayendo a pedazos otro tipo de elemento patrimoniales, tan importantes o más como los anteriores y que a la postre son buena parte de nuestra verdadera identidad. Si no hay un remedio verdaderamente urgente la dichosa globalización nos va a inundar a todos como agua en los corrales y no va a haber distingo entre un habitante del Barrio de Santa María o de La Plazuela con otro de Nueva Caledonia o la Punta de Fuego argentina.

Ante digo todo esto porque el otro día en el Curso de Enseñanza de Cante de la Peña Tío José de Paula posiblemente asistimos a una manifestación oral a punto de extinguirse del todo. Se estaba desarrollando una conferencia sobre los Romances y la Alboreá cuando, entre el numeroso y atento público, surgió Tío Maleno, responsable de la cantina de la entidad, cantando y recitando de memoria un buen fragmento del corrido de Bernardo el Carpio.
Su autenticidad nos puede llevar al siglo XVI y su exposición a una cadena de memorias colectivas que, de generación en generación, se fueron pasando viejas historias de manera oral. Maleno contó un episodio ya sepultado por el tiempo y que apenas cuenta ya con algún transmisor válido. Posiblemente, salvando alguna privilegiada memoria, sus testimonios pasarán a mejor vida, como otros tantos de nuestra verdadera conciencia sonora asociados a modos de vida concretos, que son los que realmente nos identifican.
Hoy se habla mucho de ladrillos y proyectos faraónicos sin tener en cuenta que en cualquier barra de un bar se pierde a chorros nuestro ser más original y sin mover un dedo para su salvaguarda. Pienso que generaciones venideras nos juzgarán con dureza por todo esto. La misma que nos merecemos.
Gracias, Tío Maleno.
José María Castaño





muy buena reseña sobre ese romance y un hole pa tio maleno,,,,,