Entrevista inédita a Don Antonio Chacón

16. Noviembre 2009 | Por loscaminos | Categoria: Investigación

Publicada en La Gazapera (http://blogs.elcorreoweb.es/lagazapera/) por Manuel Bohórquez Casado

A José Luis Ortiz Nuevo

Otra entrevista poco conocida del maestro Don Antonio Chacón. Esta es sumamente interesante por la gran cantidad de datos que aporta y, sobre todo, porque el cantaor opina de una manera muy valiente sobre las cosas del cante. La entrevista se la hizo el caricaturista catalán Luis Bagaría (Barcelona, 1882-La Habana, 1940) en el diario madrileño La Voz, el 28 de junio de 1922, donde publicó algunos reportajes. Fue también colaborador de la revista España y del El Sol. Buen aficionado al cante jondo, en la entrevista supo sacarle a Chacón su opinión sobre la decadencia del “cante gitano” y hasta los nombres de quiénes fueron los responsables de esa decadencia.

Curiosamente, y después de analizar a fondo esta entrevista, al final no hay tanta diferencia conceptual entre Chacón y Mairena. El jerezano culpaba a Juan Breva y El Canario de la pérdida de la pureza del “cante gitano” y Mairena culpaba a Silverio y a Chacón. Es conocida la inclinación gitanista del genio de Jerez, al que no le gustaba llamar cante jondo al género andaluz, sino “cante gitano”. En aquellos años era muy normal esta denominación y, por otra parte, Chacón aprendió a cantar con grandes maestros gitanos de Cádiz y Jerez. Cuando descubrió al sevillano Silverio amplió su horizonte de miras, pero hay que recordar que el señor Franconetti era también un gran gitanista, enamorado del cante de El Fillo, del de Curro Dulce y los Ortega de Cádiz.

El caricaturista Luis Bagaría, autor de la entrevista

 Pero dejemos que el maestro Bagaría nos introduzca en la mente de Chacón. No pierdan puntada:

 ”CANTE” GITANO.  Hablando con el maestro Chacón

 La decadencia del arte. Las malagueñas de Juan Breva y del “Mellizo”. Cómo empezó Antonio Chacón, y cómo el miedo a cantar le hizo célebre en las malagueñas. ¡Aquellas “seguirillas”! ¡Aquellas “soleares”! ¡Aquellas “tonás”! ¡Aquellas “livianas”!

 Perdón, lector, si por segunda vez me meto en cosas que no son de mi oficio y hacia las cuales probablemente no me llama Dios. Sé una vez más benévolo conmigo; al fin, tú y yo somos españoles, y todos estamos acostumbrados a la benevolencia, que es mansedumbre en la mayor parte de los casos. Pasaba el otro día distraído por la puerta de “Los Claveles”, cuando me llamó desde dentro una voz amiga invitándome a tomar un “chato”. Confieso con la mano puesta sobre el corazón que no tuve que hacer un gran esfuerzo para aceptar; no sólo por ser la invitación de suyo tan aceptable, sino por venir nada menos que de Antonio Chacón, el “catedrático”, el “amo”.

 -Querido Bagaría. ¿Cómo andan esos caracoles? -me preguntó, sintetizando en esta pregunta su benévolo juicio sobre mis dibujos.

 Y después de mi respuesta, algo evasiva, siguió:

 -Ya sé que se ha metido usted a escritor.

 Rechacé la suposición con toda la vehemencia que me inspiraba el respeto y la amistad hacia los escritores. Pero no quise dejar la ocasión, y. le indiqué que quería hablar con él de “cante “jondo”.

-Alto ahí -me interrumpió con alguna severidad-. Se debe llamar “cante” gitano, nada de “cante jondo”.

 -Bueno, como usted quiera. El caso es que usted, que es en estas cosas la suprema autoridad, hable a los lectores de LA VOZ del “cante” gitano.

 -Pues a sus órdenes estoy, amigo Bagaría.

 Empecé el interrogatorio con la natural timidez de quien, no siendo ni estudiante, va a preguntar al catedrático.

 -¿Se cantaba mejor antiguamente que se canta hoy?

 -Para los “cantes” de hoy no se necesita el estudio que se necesitaba antiguamente. Antes, para cantar uno, se necesitaba ser “alguien”. Hoy cualquiera puede dedicarse al “cante”. Bien demuestra lo que digo el viejo Bermúdez, premiado en Granada, a quien, a, pesar de sus defectos, todo el mundo ha admirado en su arte, porque sabe vencer las dificultades que encierra el “cante” de la “caña” y “polo”.

 -¿Cree usted entonces que el “cante” está hoy en decadencia?”

 -Lo que creo es que si los “cantes” que se cantan hoy tuvieran la importancia que los antiguos tenían no se hubiera llegado al desprestigio de hoy.

Caricatura de Don Antonio Chacón por Luis Bagaría

 -Pero habrá usted visto que ahora artistas eminentes han dado gran realce a este arte.

 -Eso es verdad. A Zuloaga y a Falla se les debe la gran importancia que tiene en estos momentos. Pero no me negará usted que es también una gran tristeza que tengan que venir tan ilustres artistas para darnos la mano y levantarnos de la decadencia en que habíamos caído. Es triste que no hayamos sido nosotros bastante para levantarnos. Cada día me explico menos (no hoy, que soy viejo, sino cuando era joven, igual) por qué se ha perdido el recuerdo del hermoso “cante” por “seguiriyas” de Curro Dulce, y, en general, todo el “cante” de Silverio Franconetti, como no sea por el temor a no poder vencer las grandes dificultades que tenían los “cantes” del uno y del otro. ¿Qué me dice usted de aquellas “serranas” y aquellas “cabales” de Silverio, y aquellas “soleares” de Paquirri?

 En vista de que yo nada tengo que decir de todo eso, sigue mi buen amigo:

-Si ha cantado por estas cosas al viejo Bermúdez en el Reina Victoria de Sevilla, habrá podido ver el público la verdad de lo que digo. Claro que con los defectos que por fuerza ha de tener un hombre de setenta años y que no cantaba hace mucho tiempo.

 -Y dígame; ¿de cuándo cree usted que arranca la decadencia del “cante” gitano?

 -A mi entender, la causa principal de la decadencia fue el gran éxito de Juan Breva con sus malagueñas. El público se deslumbró, y se fue tras él, y olvidó con ingratitud los “cantes” pasados. Eso sí: para mí, Juan Breva, dentro de su plano, tenía mucho mérito. Vino luego el “Canario”, que con su “cante” delicioso apartó aún más al público de la idea del “cante” gitano. Y, por si faltaba algo, el exquisito “cantaor” Enrique el “Mellizo”, aun sabiendo cantar muy seriamente por “seguiriyas” y de una manera admirable por “soleares”, se metió de lleno en las malagueñas, y aunque las cantó como yo no he oído a nadie, abandonó el arte puro y se entregó a los gustos de la época.

 -¿Y de usted no quiere hablarme?

 -Pues yo, que en mis primeros años empecé a cantar por “seguiriyas”, tuve, con dolor, que abandonarlas (para el público se entiende) y seguir el gusto que habían creado Juan Breva, el “Canario” y Enrique el “Mellizo”. Y ya me tiene usted prisionero de las malagueñas. Por más que las malagueñas me hayan dado muchos miles (aunque ya no tengo ninguno), siento la añoranza de los viejos “cantes”, y cuando veo un viejo, como Bermúdez, cantando por lo antiguo, el corazón se me va tras él, porque yo soy un verdadero adorador de mi arte.

 -¿Cómo empezó usted a cantar?

 -Pues verá usted. Yo la primera vez que canté fue en Cádiz, el año 86, en la feria del Perejil. Iba a cantar “seguiriyas”, y cuando ya me había sentado al lado del gran Patiño vi entrar a Enrique el “Mellizo” y a su hermano Mangoli con varios aficionados inteligentes, y, la verdad, me dio miedo cantar por “segurillas”, y canté malagueñas. Se puede decir que de allí arranca mi personalidad. Aquellos aplausos me llevaran a crear varios estilos de malagueñas. Silverio oyó hablar de mí, me conoció y me llevó el año 87 a Sevilla, a su célebre café.

Pregunto a Antonio Chacón qué me dice de los “cantaores” modernos, ya que ha hablado de los antiguos datos tan interesantes; pero veo que quiere rehuir a la pregunta, y no insisto. Sólo me dice:

 -Eso se ha de dejar a la consideración de los que los oigan.

 Doy nuevo giro a la conversación con esta pregunta:

 -El “c a n t e ” m á s  p u r o, ¿cuál es?

-La “tona” y la “liviana” son lo más puro, porque tienen su ritmo propio, y no hay manera de salirse de él, ni más allá ni más acá.

 Le pregunté su opinión acerca de los tocadores de guitarra, y me contestó:

 -De los antiguos, el maestro Patiño para acompañar el “cante”, y después, Paco el “Barbero”, que fue de los buenos también. Pero superó a todos en ejecutar Paco el de “Lucena”, que, si no fue tan clásico como los otros, los superó en ejecución y armonía. Después vino otra etapa, que empezó por BorrulI y Javier Molina, también excelentes acompañantes, que recordaban a los tres maestros que he nombrado antes. Últimamente, “Habichuela”, el “Niño de Huelva” y Montoya. De los dos primeros le digo que valen mucho, y al último no soy yo el llamado a alabarle, porque es mi “tocaor”.

 Con estas palabras dimos por terminada la conversación. Apuramos el penúltimo “chato”, y me pareció oír que el maestro musitaba una de sus creaciones:

 ”Rosa: si no te cogí,

 fue porque no me dio la gana

 al pie de un rosal dormí:

 la rosa tuve por cama:

 por cabecera un jazmín.

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2 comments
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  1. Es muy significativo, además de curioso, que leyendo esta entrevista del Sr. Bagaría a D. Antonio, allá por el año 22, ya se hablaba y sobretodo se comentaba en el mundo flamenco, de la negativa evolución que determinados cantaores que hoy podemos considerar maestros, hacían respecto del cante; de todas formas, creo que no era tanto desvirtuar el cante existente, sino la sana rivalidad que había entonces, que hay hoy y que supongo que siempre la habrá. Pongo por ejemplo al día de hoy, las faltas que los cantaores de aquella época podrían ponerle a unas malagueñas de Terremoto (hijo), o a unas seguirillas
    de Manuel Moneo, por decir algo. ( ? se la pondrían ¿ ).

  2. Esta entrevista me ha desilusionado. Tenía en mejor concepto a Antonio Chacón por el aporte que hizo a las malagueñas y veo que las adoptó por obligación, por la moda, por razones económicas.

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