Las Malagueñas de Fosforito El Viejo (I)

6. Agosto 2009 | Por loscaminos | Categoria: Investigación

Del libro “Las Malagueñas y su entorno” de Jorge Martínez Salazar, enviado por Flamencojeda a Los Caminos del Cante.

 

En contraste con las malagueñas de Chacón, que nunca han llegado a perder vigencia, las de Fosforito, en cambio, han permanecido prácticamente desconocidas, hasta el punto de haber sido dadas por perdidas según el criterio de tratadistas tan solventes como son José Blas Vega y Fernando Quiñones, quienes además consideraban a Fosforito autor de un solo estilo de malagueña.

             El motivo de lo expuesto sin duda ha sido el hecho de que, contrariamente a Chacón, Fosforito no llegara a impresionar jamás sus cantes, pese a que aún se hallaba en pleno uso de sus facultades cuando los discos de pizarra empezaron a alcanzar un patente desarrollo (Núñez de Prado, en 1904, considera la carrera artística de Fosforito todavía en pleno auge). No se conoce la causa por la que Fosforito no llegó a grabar sus malagueñas en disco, aunque cabe la sospecha que, al igual que algún otro cantaor contemporáneo suyo, extrañara el sonido de la voz reproducido mediante técnicas tan defectuosas aún.

             Fosforito se llamaba Francisco Lema Ullet y su apodo se debió a su elevada estatura y extremada delgadez. Había nacido en Cádiz, en 1869, en el seno de una familia, al parecer, de procedencia gallega. Fue, por lo tanto, riguroso contemporáneo de Chacón, su gran rival y mejor amigo. Discípulo de Enrique el Mellizo, como el propio Fosforito confiesa en una entrevista de Juan de Gredos en 1931 transcrito por Blas Vega en su obra biográfica sobre Chacón, Francisco Lema debutó a la edad de catorce años en el Café del Palenque de Jerez de la Frontera; en 1886 cantaba ya en el Café del Burrero, de Sevilla, teniendo entonces lugar su duelo malagueñero con Chacón relatado por Fernando de Triana.

             En 1891, se presentó en Madrid, en el Café del Monedero, y en esa ciudad transcurrió la mayor parte de su vida. En los años veinte empieza a iniciarse un desvío respecto a Fosforito por una parte de la afición, tal vez no achacable a factores intrínsecos del cantaor, sino más bien justificado por la naciente moda del fandango personal que acabó con bastantes especialistas de otras formas de cante y Fosforito lo era, precisamente, de la malagueña. Los gustos cambiaron y, aunque Fosforito sobrevivió biológicamente a Chacón, no sucedió lo mismo artísticamente hablando, pues si bien Chacón al final de su vida soportó vicisitudes no siempre afortunadas, hasta la hora de su muerte fue considerado pontífice máximo del cante y conservó el respeto de la totalidad de los componentes del universo flamenco; en cambio, Fosforito, tras su retirada en 1923, aunque a veces volviera a cantar en algunos homenajes y reuniones privadas, no tuvo más remedio que dedicarse al ejercicio de modestos oficios, tales como camarero o cuidador de gallos de pelea. Incluso su muerte fue oscura, ya que ni siquiera se conoce la fecha exacta de su fallecimiento, sólo que tuvo lugar a comienzos de los años cuarenta en una modesta pensión de la madrileña calle Mesón de Paredes.

         Pepe Marchena, uno de los cultivadores del estilo de Fosforito “El Viejo”

    Respecto a sus cantes, pese a la restringida opinión de Blas Vega y Fernando Quiñones, se conocen al menos dos estilos bien definidos de malagueñas de Fosforito, conservados en los viejos discos de pizarra. Es verdad que tales estilos son muy poco conocidos, pues solamente ha circulado durante un tiempo una versión de su malagueña larga muy simplificada que Diego el Pijín, anciano ya, intentó rehacer a su manera. Ahora, algunos modernos cantaores, como Arrebola o Diego Clavel, han intentado recuperar sus cantes, aunque para acceder a las más puras versiones de las malagueñas de Fosforito no haya más remedio que recurrir a los antiguos discos, especialmente a los impresionados por el Niño de Cabra.

 E.2.1.           Estilo 1º de Fosforito (malagueña corta)

             Según refiere Fernando de Triana en su tantas veces mencionada obra, Fosforito iniciaba sus recitales de malagueñas con una malagueña de preparación para seguir a continuación con su cante favorito, la malagueña larga. El primer cante alcanzó gran popularidad, pues Fernando de Triana afirma que “no había taberna, ni fiesta, ni bautizo donde no se cantara”. La letra de esta malagueña, según Fernando, eral la siguiente:

 Al campo me voy a llorar

donde no me vea la gente,

porque me haces pasar

las fatigas de la muerte

y no te pueo olviar.

             En ningún disco antiguo hemos escuchado esta copla, por lo que durante años supusimos que esta malagueña se hallaba perdida, y ello a pesar de que poseíamos desde mucho tiempo atrás un disco del Niño de Cabra con la malagueña en cuestión, sólo que en su título se adjudicaba a Chacón, atribución que en un principio dimos por buena. Fue en 1983 cuando volvimos a escuchar este cante en una grabación de Alfredo Arrebola con idéntica melodía y letra que la malagueña contenida en el disco del mencionado Niño de Cabra, pero esta vez adjudicada ya a Fosforito. Ello en un principio nos dejó perplejos, pero más tarde empezamos a recordar un disco del Niño de las Marianas que escuchamos allá por los años cuarenta y que llevaba el título de “Malagueñas de Fosforito”, que por cierto estaba en tan mal estado que apenas se entendía su letra y melodía. Tal recuerdo nos impulsó a buscar la grabación del Niño de las Marianas y, cuando conseguimos oírla de nuevo, pudimos comprobar que, efectivamente, la letra y música del disco coincidían plenamente con las contenidas en las grabaciones del Niño de Cabra y de Alfredo Arrebola. Fue a partir de entonces cuando finalmente nos decidimos por mantener la atribución de esta malagueña a Fosforito. Hasta entonces habíamos adjudicado la malagueña a Chacón, pues, aunque habíamos escuchado también el cante en discos de Escacena y el Niño de Marchena, en sus títulos no aparecía atribución alguna y continuábamos confiando en el rótulo del mencionado disco del Niño de Cabra, que ahora estimamos como un error más de los muchos cometidos por las marcas impresoras de las viejas placas de pizarra.

 Ejemplos grabaciones: 

Manuel Escacena con Román García (1907): “Mi vía por aborrecerte”

Alfredo Arrebola con Enrique Campos: “La vía por aborrecerte”

Luis Caballero con Melchor de Marchena (1971): “Más bien te agradecería”

Pepe Marchena con Manuel Bonet (1925): “Más bien yo te lo agradecería”

Notas:

Manuel Escacena nació en Sevilla en 1886 y murió en Madrid en 1928. Él y el Cojo de Málaga han sido los más grandes taranteros, por lo menos entre los que llegaron a grabar discos. Escacena fue además un cantaor completísimo, aunque en los últimos tiempos, para poder subsistir, se dedicó a imitar a Marchena, astro de moda entonces, lo que resta valor a los últimos discos impresionados por el gran tarantero en el año de su muerte, en contraste con los muy valiosos que grabó en los primeros quince años del siglo.

Luis López Benítez, Niño de las Marianas, sobrenombre artístico debido a su especialidad en el cante así denominado, nació en Sevilla en 1889, falleciendo en Madrid en 1963. Cantaor de amplios conocimientos, fue, como tantos otros artistas de su época, víctima de la moda del fandango, que le apeó de los primeros puestos en el aprecio del público. Fue padre del guitarrista Luis Maravilla y grabó en 1910 una interesante discografía.

 José Tejada Martín, el Niño de Marchena, o Pepe Marchena como más tarde se le denominó, nació en la población sevillana que forma parte de su sobrenombre en 1903, falleciendo en Sevilla en 1976. Fue máxima figura de una época del cante, a nuestro juicio, decadente. Su estilo fue puro adorno y filigrana, con los que supo hábilmente tapar su falta de solidez jonda. La malagueña de Marchena que aparece en la muestra, procedente de una de sus primeras grabaciones, no acusa todavía de forma tan patente, como más tarde sucede, los defectos señalados.

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3 comments
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  1. Por el segundo apellido de Fosforito, su familia debía de ser de procedencia catalana, no gallega.
    “Ullet” es una palabra catalana que significa “ojito” (”ull” es ojo, y “ullet” es el diminutivo.

    Sólo a título de curiosidad.

  2. No conozco ningún genio creador,ojo, de cualquier genero de arte que no haya sido innovador,y Marchena lo era hasta en el vestir,su voz hubiese valido para cualquier registro,no digamos su musicalidad,la perfección,creador del unico cante,la colombiana en el siglo xx.Y siempre es lo mismo, no era jondo,etc, etc,solamente habia que ver que donde quiera que actuaba no sé porqué misterio siempre estaba lleno y jamas se retiraba del escenario que no le pidisen “otra otra” .Seria posible pedir que discrepemos pero sin despreciar al artista”

  3. José, la envidia a veces sale a relucir, y es que D. José Tejada no era Gitano el pobre.

    No se dan cuenta, o sí pero les conviene este discurso, que lo bonito del flamenco es la diversidad que tiene en todos sus cantes y en la forma de ejecutarlos respentando siempre los canones básicos. Que me gusta Agujetas, la Paquera, Chocolate pero como se muere uno escuchando al gran Vallejo, Marchena y Valderrama. Sin duda disfrutamos más que otros, pero está bien que no nos vendan la moto como lo están haciendo en los últimos cuarenta años estos señores y estemos alerta para contestarles convenientemente cuando falten al cante andaluz (sea cual sea su religión, sexo o raza).

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