Los Juncales de Jerez

16. diciembre 2008 | Por | Categoria: Opinión

Me parece ciertamente increíble que un acto de las características y protagonistas del pasado viernes pase tan desapercibido a la opinión pública. Porque ver en un mismo escenario las figuras faraónicas del torero Rafael de Paula y la bailaora Manuela Carrasco es una experiencia inolvidable. Da igual que actúen o no, la sola mirada cetrina de ambos, la comunión espiritual del arte grande con mayúsculas representada en estos dos gitanos darían para llenar páginas y páginas en cualquier rotativo. Todo un catálogo de gestos y una enciclopedia de saberes ancestrales mano a mano en la imposición del Junco de Oro a la “Diosa del Baile Flamenco”, que así la bautizara, hace ya algunos años, el portavoz mundial de la gitanería española Juan de Dios Ramírez Heredia.

Tras la declaración de principios para el ofrecimiento y tras la lectura de la infinidad de premios que lucen en el curriculum de la bailaora trianera, tales que el Premio Nacional de la Danza en 2007 o su reconocimiento como Hija Predilecta de Andalucía, Manuela no pudo sino reconocer que ese puñado de juncos atados con un pañuelo de lunares en forma de insignia recalaría en el más profundo sitio de su ser. Porque la insignia de la Asociación de los Juncales es la reivindicación de una forma de entender el arte que tanto tiene que ver con los siglos que llevan los gitanos andaluces manteniendo una postura vital ante la existencia, una forma de ser y estar ante la vida que ha perfumado con albahaca y romero la historia de Andalucía y de su idiosincrasia ante el Mundo. Y este premio no podía menos que recaer en esta embajadora morena de la tradición gestual flamenca. A aquella que tan sólo hacer una pose por soleá le ha valido para entrar directamente en las más lujosas páginas del arte jondo. Dice el poeta que los genios no son dueños de su misterio. Y tal vez sea una gran verdad porque el misterio de Manuel Carrasco y de Rafael de Paula es tan insondable como eterno. Esas “bolitas que manda Dios a alguna personas”, como dijo el arcangélico torero de Santiago, justo antes de colocar la insignia en el traje de la bailaora. Estos momentos, vividos e intuidos gracias a Los Juncales son un gran regalo a aquellos que aman el arte grande. Yo, al menos, no me puedo permitir que tan alta reivindicación quedara en el más cruel anonimato. Gracias Manuela, gracias Rafael y sobre todo, gracias, Juncales de Jerez.

José María Castaño.

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2 comments
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  1. Toda la razón.El problema es que Jerez nunca ha valorado lo que tiene. Pues tener a Rafael de Paula es un lujo y un milagro vivo que ni me lo creo. Haber cuando le levantan un monumento al genio del toreo. El acto fué precioso.

  2. hola
    tengo una tienda de discos en barcelona, y quisiera saber quien distribuye el cd
    de JUNCALES DE JEREZ
    si ustedes pueden ayudarme, lo agradezco

    gracias
    mario

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