Madrid agiganta la leyenda de Moraíto

20. diciembre 2011 | Por | Categoria: Opinión

Nos hacemos eco de algunas de las crónicas que se han realizado del homenaje a Moraíto en Madrid, durante los días 14 y 15 de diciembre, donde se ha vuelto a demostrar que su carisma, su arte y su personalidad calaron profundamente en todos y cada uno que lo conocieron. Por cierto, el día de Año Nuevo en TVE se pasarán los mejores momentos de los conciertos a la pequeña pantalla. Otro gran homenaje sin duda para Manuel que se extenderá a miles de personas.

Dos noches moraítas

Publicado en www.elmundo.es por Antonio Lucas | Madrid

Sonaban palmas por bulerías desde antes de que comenzara la gala. Era como si el Barrio de Santiago de Jerez de la Frontera se hubiese trasplantado por un rato al último palmo de suelo de la Gran Vía, justo antes de Plaza de España. Fue ahí, en la puerta del Teatro Coliseum y con las casi 1.400 entradas agotadas desde hace semanas, donde ayer se cumplió la primera de las dos noches de tributo flamenco a Manuel Moreno Junquera, de la familia de los ‘Moraos’, el gran guitarrista Moraíto Chico, que murió el pasado mes de agosto a los 55 años.

La nómina de artistas convocados hace sospechar que la de ayer (junto a la sesión de hoy, en el mismo lugar y a la misma hora) da cuerpo a la mayor concentración flamenca de las últimas décadas. Faltaron pocos artistas de entre los anunciados, aunque quizá fue tan extenso como la gala el ‘bullebulle’ de que no acudiera Paco de Lucía, de baja por enfermedad. Por lo demás, flamenco, jondo y memoria, alegrías, tangos, bulerías, seguirillas, el rock flamenquito, el arte mayor y el jaleo final. Una fiesta de cuatro horas, guiada por el dúo Gomaespuma, que tuvo como protagonista ese sonido viejo del toque de Moraíto Chico, que tiene extensión en su hijo Diego del Morao.

Abrió senda Miguel Poveda arrancándose por seguirillas que enlazaban con bulerías y ponían el remate con la elegante copla ‘aflamencá’ de la que es gurú y guía. Saliendo del escenario con una ‘pataíta’ que cada artista repetiría dándole a la cita un subrayado de fiesta en marcha. Desde ese momento, todo fue algo así como un calambre cuya corriente alimentaron después las bulerías del Vicente Soto, Sordera; los tangos y más bulerías de la elegante Marina Heredia; Duquende, ‘acamaronao’ a conciencia; la gracia ‘segurillera’ de Fernando de la Morena; el recuerdo de Arcángel a Enrique Morente (del que anteayer se cumplió un año de su muerte); y ese cante de Jerez puro que encarna El Torta, feroz en las bulerías y que desató una ovación de mucho decibelio.

Esta aventura tenía detrás, como impulsores, a Diego El Cigala y Juan Verdú, entre otros. La noche no se detenía. Y apareció, algo a bulto, el maestro Diego Carrasco junto a los Rockeros Canasteros (Raimundo Amador, Jorge Pardo y Tino di Geraldo). Entonces la noche asumió compases de delirio sin manuales. Así llegaron después El Negri y Antonio Carmona… Hasta que volvió el flamenco cabal con El Cigala y, para rematar, el Cuadro de Jerez, donde el jaleo y la bronca adquirió su brasa de hogar y tornado de palmas, baile y voces. La bulería fue el cante de querencia. Como lo fue para el toque de Moraíto Chico, uno de los reyes de este palo.

La gala se prolongó más de lo esperable y tuvo sus caídas, sus improvisaciones, sus momentos en que la noche no hacía pie en el escenario. Pero se trata, en definitiva, de un homenaje, de un tributo, de la fiesta en memoria de uno de los grandes. Así que todo está permitido. Allí estaban los suyos, su ancha familia de noche y fatigas. Los del Barrio de Santiago y aledaños, la tribu inagotable de los flamencos buenos. Y Moraíto, que no desapareció en ningún momento de la escena.

De esta forma tan cariñosa trató el informativo de la 1 de TVE el homenaje a Moraíto en Madrid

Rey Morao

Publicado en www.diariodejerez.com por Francisco Sánchez Múgica

La capital del Reino tributa homenaje póstumo a Manuel Moreno Junquera, monarca de la bulería al que la gran familia del flamenco dedica todas las pinceladas del lienzo de una noche inolvidable en Madrid.

De Madrid al Cielo… pasando por Jerez. La distancia no será nunca lo que nos separe, será si no volvemos. Y Manuel Moreno Junquera regresa cada día aunque ya no esté presente físicamente entre nosotros. De una forma o de otra, su espíritu, su legado, su leyenda, su aura, su buen rollo, sigue perviviendo entre los que recuerdan y ensalzan la alargada sombra que proyectó como artista y como persona después de vivir una carrera artística truncada con su fallecimiento prematuro en el pasado mes de agosto a los 55 años. “Ya no está y nos sigue haciendo disfrutar”, como decía su gran amigo Agustín, regente del bar Arco de Santiago, de camino al homenaje póstumo que la capital del Reino ha rendido en los dos últimos días al monarca de la bulería. Un excepcional evento que ha tenido lugar entre la noche del pasado miércoles y la de ayer en el Arteria Coliseum de la Gran Vía.

Desde su silla celeste en el tablao eterno del cielo, Moraíto chico, Moraíto grande, el Rey Morao, fijo que disfrutó a rabiar con lo que ha pasado en su honor por las tablas de este antiguo cine reconvertido en teatro musical de Madrid durante más de seis horas de espectáculo repartidas en dos sesiones. Ni que decir tiene que, tal y como sucedió hace un mes en Jerez, la respuesta del mundo del flamenco y de los aficionados ha vuelto a ser masiva, desbordante para la organización. Unas 3.000 entradas vendidas -con reventa incluso en el hall del teatro- y ni se sabe cuántos artistas participantes en un doble concierto-homenaje que será retransmitido el próximo día de Año Nuevo por TVE. Diego y Manuel, sus dos hijos, enmudecieron sobre el escenario de tantas gracias que querían dar a los presentes.

Ni siquiera el ‘runrun’ entre el público por la baja de última hora de Paco de Lucía, que alegó enfermedad para ausentarse del homenaje a uno de sus artistas más admirados, provocó que el sentido tributo se viese mermado o desmerecido en su primera entrega. Al contrario, la abnegación, el respeto y el cariño con el que un enorme ramillete de primeras figuras del flamenco actual encaró la gala bien merecería, de entrada, un hondo aplauso de agradecimiento del público, la crítica y la familia, a la que como es sabido irá destinada la recaudación por taquilla de estas tres noches mágicas e inolvidables (una en Jerez, dos en Madrid) que ya quedan perennes en la memoria histórica e inmortal del arte jondo y en la retina de quienes han podido disfrutarlas.

En una cita en la que casi todo error se perdonaba, ya fuera técnico u organizativo, las letras compuestas ex profeso para glorificar a Morao y honrar su memoria se entremezclaron con otras dos constantes de la velada: la bulería, el compás festero que celebra el triunfo de la vida, y Jerez, la tierra que vio nacer, vivir y morir al genial tocaor de Santiago. Fue Miguel Poveda el responsable de abrir la primera noche del homenaje rajándose en canal por seguiriyas: “Desde que tú te fuiste, como hemos llorao…”; Diego Carrasco se lamentó con unos versos propios que emocionantes decían “en mi corazón te llevo grabao; qué solito me has dejao, Morao”; y Fernando de la Morena, también por seguiriyas, se dolió casi a lágrima viva acordándose de “mi hermano, mi amigo y mi confidente” con una letanía que caló los huesos e hizo estremecerse al mismísimo Prendimiento: “Qué prontito te has ido, qué pena más grande…”.

Fueron pinceladas de arte, de inspiración, plasmadas en el brillante lienzo de un recital coral y mayúsculo en el que de nuevo, como ocurriera en el jerezano palacio de deportes, un pletórico Juan Moneo El Torta levantó de un calambrazo al público con su bulería libre y salvaje donde también tuvo cabida su particular tributo a Morao. Enduendado estuvo el de la Plazuela en la recta final, cuando en el fin de fiesta ‘made in’ Jerez comandado por el siempre elegante y punzante Jesús Méndez (lástima que no actuara solo) se marcó una pataíta bajo el Torrontrón de Tomasito y cantó para que cerrase la intensa y emotiva gala El Bo.

Siempre con Moraíto en el pensamiento, con continuos gestos de los participantes hacia la imagen del tocaor que colgaba del telón de fondo, el espectáculo aglutinó una amalgama de sensaciones y sonoridades bien diferenciadas en la cascada de actuaciones que se sucedieron durante más de tres horas de un ‘show’ conducido con más o menos gracia (mejor ni recordar una broma poco afortunada al principio de la noche) por el dúo Gomaespuma.

Si Marina Heredia, con un sensacional Bolita a la sonanta, echó el resto hasta casi desgañitarse por tangos de Granada y bulerías de Jerez dedicadas al “rey” de esta variante, se produjo un interesante duelo de amantes del cuplé por bulerías o la copla aflamencada entre Poveda y Vicente Soto, que estuvieron escoltados por las exigentes guitarras de Manuel Parrilla y Pepe del Morao, respectivamente. El badalonés, con derroche y carisma, se volcó con las letras de Gallardo Molina dedicadas a La Paquera y a Lola, unos apuntes de A ciegas y un remate con Qué borrachera; el jerezano y madrileño de adopción, sobrio y rotundo tras comparecer con unos martinetes fragüeros, puso toda su flamenquería al servicio de una degustación de cante por fiesta y su ya habitual tanda de cuplés en la que rescató fragmentos de La bien pagá y La tarara.

Otro interesante bloque del homenaje, que fue acelerándose hasta acabar exclusivamente en una pincelada por artista invitado, fue el que se vivió con la aparición en escena de los rockeros canasteros. Guiados por el Tate, ofrecieron una suerte de jam session en la que lucieron los climas que propusieron la flauta de Jorge Pardo, el bajo de Tino di Geraldo y la guitarra de Raimundo Amador a partir de variaciones del tema José Monge Cruz del propio Carrasco. Y es que ni Camarón quiso perderse tamaña reunión de amigos. Antes de la soleá que Arcángel y Parrilla dedicaron a Moraíto, y también a Morente en el aniversario de su muerte, Camarón sobrevoló encarnado en la voz del barcelonés Duquende y de ahí, el de la Isla saltó hacia la garganta de El Cigala, impulsor del evento y que también ofreció un ramalazo por bulerías acompañado por Diego del Morao. El hijo mayor trufó algunas de la ya míticas falsetas de su padre con un maduro sello personal que hacen a sus seis cuerdas imprescindibles en el flamenco contemporáneo. La de El Cigala fue la cara más madrileña del homenaje de la capital al guitarrista, “al artista de artistas, al único capaz de reunir a todos a la primera”, como llegó a presumir sin miedo a equivocarse el cantaor. También en este pasaje de la noche tuvieron tiempo de salir a escena Enrique El Negri y Antonio Carmona, quien con Tan lejos rememoró la mejor época de Ketama. Dos guiños de dos estandartes de ese nuevo flamenco que quiso acordarse y rendir culto a una mente tan abierta y desprejuiciada como fue la de Moraíto, siempre atento a los nuevos rumbos, ya fuesen acertados o no, de ese arte inabarcable al que se daba por entero. Y como la fiesta flamenca es infinita, habría una segunda cita más en el Coliseum. Fue anoche mismo. Otra noche que igualmente sería para recordar y en la que otro cónclave de cabales volvió a coronar a Moraíto como Rey perpetuo de la bulería. Otro encuentro en el que el disfrute y la alegría fueron bálsamo para combatir la pena y antídoto contra el olvido. Y quedó patente, otra vez, que no hay distancia ni ausencia que no salve el recuerdo y la generosidad de quienes seguimos vivos: Siente tú mis fatigas/siente tú mis penas/que yo también sentiré las tuyas/cuando las tenga. Y el bueno de Manué lo tenía claro.

Tags:

3 comments
Deja tu comentario »

  1. Gran concierto, pésima presentacion por parte de “gomaespuma” y gran chasco la ausencia de paco, aunque siendo sinceros… que más podemos pedir teniendo a todos los artistas que tuvimos…

    en mi opinión tanto duquende como el cigala estuvieron “faltaos”no sé… como con falta de ganas y poco pellizco y eso que pensaba que iban a ser lo mejor de la noche y sin duda si este concierto fué tan grande es gracias al duende jerezano del gran juan moneo el torta…

    espero vuestra opinion y si estais de acuerdo conmigo

  2. Yo estuve el 14 y Goma espuña no pegaba para nada ya que era un homenaje, era una cosa seria y para mi fue una cagada, pero vamos el duende Jerezano fue el que izo vibrar el teatro, y el Torta por fiesta fue inigualable lo mejor de la noche y el fin de fiesta tambien… peroo Muero con el Torta

  3. Asistí el día 14, en general el concierto fue magnífico… pero parecía extraño que en un homenaje a un guitarrista como Moraíto no concurriera ningun tocaor de concierto. La guitarra estuvo unicamente como acompañamiento y no tuvo el protagonismo que la figura de Moraíto reclama. Pos supuesto, el baile brilló por su ausencia. Sólo cante a excepción de Raimundo.

    Por otro lado, en un evento de esta categoría, me parece lamentable que se juegue con los carteles de esta forma. Para el día 14 estaba anunciado artistas como Paco de Lucía ( que por enfermedad no pudo asistir), Niña Pastori o Tomatito. Al menos, ese era el cartel que me vendieron. Por allí, no pasaron desde luego esos artistas.

    Un saludo

Deje su comentario