Manuela, un suspiro por soleá
25. Febrero 2009 | Por loscaminos | Categoria: Crónicas / ReseñasCrónica del estreno del ciclo El Flamenco viene del Sur con Manuela Carrasco. Teatro Central de Sevilla. 24 de febrero de 2009. 21 h.
Manuela Carrasco. Suspiro flamenco. Baile: Manuela Carrasco, Rafael de Carmen, Rafael Campillo, David Pérez y El Choro. Cante: Enrique ‘El Extremeño’, Manuel Tañé, Juan José Amador hijo y Emilio Molina. Guitarra: Joaquín Amador, ramón Amador y Miguel Iglesias. Violín: Bernardo Parilla. Flauta: Juan Parrilla. Percusión: José Carrasco. Teatro Central de Sevilla.
La versatilidad anida en el distingo. En la capacidad de aprehender las cosas desde distintos puntos de vista, impregnándole la sapiencia adquirida. Afrontar diferentes hechos con distintas posibilidades. Lo que ocurre, es que a veces la ingenuidad peca en exceso al abarcar e interpretar roles más allá de las limitaciones de uno mismo. Así ocurrió en el ‘Suspiro flamenco’ de Manuela Carrasco. Último espectáculo que la bailaora sevillana estrenó en el Teatro Central de Sevilla, inaugurando el ciclo Flamenco Viene del Sur 2009. La artista trianera incidió en errores de antaño. Primero, no contar con un director de escena, si es que quieres contar algo. Segundo, rodearse de un excesivo número de músicos cuya falta de empatía restó de fuerza a la propuesta. Y tercero, sentenciar la obra con su eterna soleá. Está claro que quien va a ver a Manuela no puede levantarse de su asiento sin ver su baile por excelencia. Un palo flamenco que la ha sacado a hombros en numerosas ocasiones, pero que en esta ocasión sólo pudo cortar la oreja. No estuvo fina. Muy estática en los tientos, escondiendo demasiado el braceo. Lo enseñó por fandangos, aunque fuera tímidamente. Pero hasta llegar a la soleá ocurrieron muchas cosas. La trianera inspiró sus bailes en sendos cuadros, más bien abstractos aunque se identificara su rostro, que reposaban en un inmenso atril que presidía cada una de sus coreografías.

El atrás iba sobrado. Cuatro cantaores, tres guitarristas, un violín, una flauta y una percusión. Una decena de artistas que arroparon cada uno de los bailes de forma desigual. Sobretodo en la soleá por bulería de Rafael de Carmen, donde se apreció el mayor desconcierto. Del resto, destacar el trío por tangos de Rafael Campallo, David Pérez y El Choro, y el baile por alegrías del primero de ellos. Lo mejor de la noche. Con personalidad, buen gusto y rociado de matices.
Manuela quiso enmendar la faena por soleá. Le echó casta y coraje. Pero sólo fue un suspiro.
Agustín Sánchez (Sevilla)



