Pero más gitana no…
26. Octubre 2009 | Por loscaminos | Categoria: Crónicas / Reseñas… Mejor que Juana la del Pipa habrá quien cante… Pero más gitana no…
Porque lo de Juana Fernández de los Reyes es una entrega que sobrepasa los límites de un mero ejercicio cantaor. En cada giro, en cada tercio, en cada corte del compás ella rememora vivencialmente toda la esencia de la manera de manifestarse de los suyos. Canta con todo, con los ojos, con las manos, con cuerpo entero… retando a lo imposible en cada recodo. Como imposible parece sacar ese sonido a esa voz cavernosa, rajada hasta el extremo, como si sus cuerdas vocales estuvieran llenas de tierra albariza o del áspero fragor del humo de una candela.
Defectos busquen los que deseen, el cante gitano nunca buscó la perfección dogmática ni el itinerario preciosista. Se trata, en su caso, de volcar en el cante todo un catálogo de vivencias que la llevan a vivir cada letra del cante como si le estuviera pasando en ese momento. La mejor prueba: sus ojos empañados mientras relata un verso que habla de su madre Juana o de su hijo Joselito. Es como si asumiera el rol de lo que quiere expresar y se transforma para ello en la actuante verídica de lo contado, a veces más que cantado.
Aunque quisiera en Juana no hay trampa ni cartón. Hay autenticidad, verdad. Lo de la pureza lo dejamos acaso para los teóricos de la ciencia flamenca. Porque Juana se parte por la mitad en su decir doliente, cortito, sentencioso. “Yo no estoy aprendía, yo sólo canto lo que me sale de dentro y de lo que me acuerdo de mi gente”, dijo nada más salir al coqueto escenario de la peña Tío José de Paula el pasado viernes. Cada vez que quiere interpretar un cante se lanza sin red, sin medir en la mayoría de los casos, porque lo que realmente le importa no es gustar al respetable, es hacerlo partícipe de su oración al cante, compartir la emoción que está sintiendo en ese instante, como si la vida se le fuera en ello.
El recital comenzó con una tanda de bulerías para escuchar. Si bien, en muchas ocasiones adapta al ritmo más acelerado estructuras propias de la soleá. Se le escucha hablar para dar las gracias a la entidad y dedicar el recital a los aficionados y parece imposible que de esa voz puedan surgir esos sonidos tan negros como el hollín.
Una vez atemperada, recurre a uno de sus fuertes que es el fandango como matices terremoteros. No están cantados sino dichos, alejándose de todo adoro innecesario que la aparte del tuétano de su discurso y consiguiendo que algunos tercios tenga el calor del cante grande.
Para finalizar la primera parte, Juana interpretó tientos y tangos. Los tientos son un estilo que cobra una dimensión distinta en garganta tan afillá y, más tarde, los correlativos tangos le sirven para mostrar todo su arsenal artístico cuando se levanta en pie y recorta en el aire esos bailes paraos que nos lleva a sus ancestros, la gran Juana la del Pipa, de la que dicen que flotaba al bailar, y del Bizco Guzi. Llena cualquier escenario, grande o chico.
Ya en el descanso uno percibe el regusto cantaor de la Fernández. Ha dejado el bouquet de un palo cortado añejo con mucho roble y en la antípodas de cualquier vino cream que hoy son tan demandados por el gran público.

Una vez en la segunda parte, la del Pipa retoma la actuación por soleá. Se acuerda de la Serneta y en los primero envites lanza su voz al límite, sabedora de sus limitaciones, pero también de lo que le pide el espíritu en cada momento. Lo último gana siempre la partida y las formas son un medio pero no un fin. El fin es desnudarse a través de la voz y partirse entre recuerdos cantaores, entre los que se encuentra la forma de Tío Borrico, también pariente suyo.
Con la voz más rozada todavía, llegó la sorpresa de la noche. Pues, en pocas ocasiones hemos visto cantar en público a Juana por siguiriya. Si bien, es más completo su decir en la soleá, en el estilo trágico por excelencia dejó tres o cuatro detalles de los que se quedan pasado el tiempo. Me quedo con las dos versiones de la siguiriya corta de Tío José de Paula: habladas, cortitas y punzantes.
Para finalizar, tiró de la tierra para cantarse y bailarse con empaque por bulerías cortas jerezanas, algún cuplé y un poquito de alboreá. Para ello, invitó a las mujeres de la peña – familia suya- como Currita de Juañares, La Yoya y Rosario- que tuvieron la rúbrica con una vuelta antológica de Paulera.
Debemos destacar el magnífico acompañamiento de Pepe el del Morao, lleno de flamenquería pese a su juventud y con ese rasgueo marca de la casa que hace inconfundible el toque de esta ralea guitarrística jerezana.
Al salir nos apercibimos de algunas cuestiones incomprensibles. ¿Cómo Juana no está mucho más solicitada? ¿Cómo es que apenas ha grabado si dejamos a un lado la reciente producción Mujerez? ¿Cómo que entre el multitudinario público apenas si había artistas y aficionados de esos que se jactan luego de saberlo todo? En otro orden, sí agrada la presencia cada vez más mayoritaria de público joven. Yo al menos me fui con la sensación de haber vivido una noche inolvidable con Juana la del Pipa y su verdad flamenca que nos conecta con lo más granado de la historia cantaora de Jerez. Porque, lo dicho, mejor que Juana habrá quien cante, pero más gitana, no.
José María Castaño





y qe peña si no es tio jose va lleba a una artista de estas caracteristicas…