Rocío Molina inaugura el ciclo flamenco BBK
11. Junio 2010 | Por loscaminos | Categoria: Crónicas / ReseñasLA MUJER EN EL BAILE. 9 de Junio 2010.V Ciclo Flamenco BBK de Bilbao. A la palabra: Rosalía Gómez. Al baile: Rocío Molina. Al cante: José Anillo. Al toque: Paco Cruz. A las palmas: Vanesa Coloma y La Popi.
El pasado nueve de junio arrancó la ansiadísima primera conferencia ilustrada de la quinta edición del ciclo Flamenco BBK. Se agotaron todas las localidades de la nueva sede de Gran Via 19, un espacio lleno de posibilidades para desarrollar las artes escénicas con el mayor nivel de calidad, que resultó muy del agrado de todo el público El estreno de la temporada trajo en primicia la presencia en Bilbao de la danzaora malagueña Rocío Molina. La oradora encargada de esbozar la historia de la mujer en el baile flamenco fue Rosalía Gómez y lo hizo con su habitual soltura, dinamismo y sencillez, hilvanado perfectamente y a buen ritmo la narración de la historia de la mujer en el baile con la ilustración bailada y musicada que corrió a cargo de la danzaora y su grupo de músicos.
La polifacética conferenciante sevillana supo trasladar al público la importancia de lo que significa la mujer para el flamenco y el flamenco para la mujer. Remontándose a los orígenes fue recorriendo todas las etapas de su historia, enfatizando las aportaciones mutuas en cada periodo. Rosalía explicó cómo el flamenco dio visibilidad a la mujer, habló del papel creativo de la mujer en el flamenco, transmitió cómo la evolución de los acontecimientos históricos, como la etapa colonial y su perdida posterior, influenciaron la escena flamenca con la aparición de complementos nuevos (mantón, abanico y bata de cola) y de nuevos estilos musicales como tangos o guajiras, codificados como cantes flamencos. Para ejemplificar el baile de este período colonial Rocío Molina escogió un estilo poco bailado, la bambera. Ataviada con un espectacular vestido rojo, un precioso mantón y el pelo recogido en un moño desplegó todo un juego de movimientos de brazos cabeza y cuerpo. Fue transmitiendo perfectamente la esencia juguetona de la bambera, roneándose cadenciosamente con el mantón a lo largo del escenario, meciéndose con elegancia al cante de José anillo.

En su recorrido histórico desde los cafés cantantes hasta los tablaos de la democracia Rosalía recordó a muchas de las figuras insignes que engrandecieron el flamenco. Partiendo de la Malena hasta llegar a Carmen Amaya fue destacando el calado y la influencia artística de sus aportaciones para las artes en general y para el flamenco en concreto. Se hizo hincapié en la labor creadora de las mujeres y en la creatividad que provocaron como musas de otros artistas de distintas disciplinas. Se enfatizó su postura luchadora y rebelde de finales del XIX mencionando a Salud Rodríguez o a Trinidad Cuenca y explicando cómo eso se reflejó en un cambio de vestuarios con el uso de pantalones y un cambio de actitudes escénicas dando mayor juego a los pies femeninos en los zapateados. El zapateado de Rocio Molina recogió el testimonio de esa rebeldía y a la vez homenajeó tanto a las escuelas folklóricas de Verdiales en sus movimientos y vestuario de pantalón corto y fajín, como a la escuela de danza más clásica en sus cierres. Buscó y encontró constantemente un equilibrio en sus movimientos y en la musicalidad de sus zapatos Partiendo de un breve recuerdo al Málaga de Albéniz, guitarra y zapateado entablaron una improvisada andadura musical que resultó perfecta y muy interesante, despertando una entusiasmada respuesta en el público.

A partir de ahí la temperatura se fue caldeando dando su mejores frutos en la malagueña y el Taranto. En la malagueña, Rocío se desplazó con sigilo y profundidad, con movimientos pastueños de la bata de cola, uniendo la fuerza de los silencios al temple hasta alcanzar posiblemente los equilibrios más desafiantes a la gravedad en sus numerosos quiebros. El cante de José Anillo sonó más matizado y más contundente, totalmente entregado en la grande y la chica del Mellizo. En el Taranto, homenaje a Fernanda Romero, la danzaora, con su moderno vestuario y sus chinchines, dio el pico de mayor intensidad expresiva con un gesto agónico tan poderoso como el de Manuela Vargas en el Cachorro. Resumió así su mirada personal en el baile y en la danza, siempre investigando con actitud integradora y con la vista puesta en los orígenes y la historia. Quizás ahí esté la clave que explique cómo alguien tan joven puede transmitir esencias tan añejas.
Las palmeras Vanesa Coloma y Popi,-bailaoras de formación- dieron una lección de saber estar en escena. Las dos estuvieron en todo momento al quite, sin asfixiar, embarullar, ni desdibujar el cante, el toque ni el baile. El público asistente respondió valorando perfectamente tanto cada detalle de los participantes, como la calidad de la propuesta y lo expresó puestos en pie en una calurosa despedida .Y es que poder disfrutar de una programación de semejante calidad en tiempos de crisis es un lujo inconmensurable
Texto: Ana Olabarría Fotos: BBK




