Una Feria dedicada al Flamenco
7. mayo 2011 | Por loscaminos | Categoria: ActualidadEl nombramiento del Flamenco por parte de la UNESCO como Patrimonio Inmaterialde la Humanidad ha sido el argumento decisorio para dedicar este año la Feria del Caballo a un arte genuino de Jerez, cuna del Flamenco. Es de justicia y, por ello, las quince calles del Real llevarán a partir de ahora nombres de artistas de renombre que dignificaron el Flamenco y que continúan haciéndolo en nuestros días, junto a una nutrida cantera de artistas muy prometedora, que garantizan su continuidad en Jerez. Una dedicatoria de justicia en una ciudad que cuenta con un reputado Festival de Jerez anual y además está construyendo un Centro Internacional del Flamenco, con el respaldo de todas las Administraciones. A la hora de elegir los nombres de las calles se han realizado muchas consultas, especialmente a la Federación Local de Peñas Flamencas y hasta el Real se queda pequeño con los grandes genios del Flamenco que ha dado Jerez. Estarán Lola Flores, La Paquera de Jerez, José Mercé, Moraíto, Tío Borrico, Antonio Chacón, Terremoto, Sordera, Chocolate, Manuel Torre, Manuel Moneo, Parrilla de Jerez, El Niño Gloria, Angelita Gómez y La Macanita.
El duende sobre el albero
Por José María Castaño.
En memoria a Paco Toro pintor enduendado y autor del cartel de este año.
De las miles de anécdotas que ocurren durante la celebración de nuestra Feria del Caballo guardo una de ellas con especial agrado y, por que no decirlo, con asombro. Un amigo me había encargado que atendiera por unas horas a un grupo de visitantes norteamericanos que llegaban a nuestro Real por primera vez. Era sábado a mediodía y los llevé a ver el paseo de caballos bajo la sombra de un buen árbol del González Hontoria, degustando medias botellas de nuestro oro líquido en forma de vino. Todo era nuevo para ellos y miraban admirados cada detalle. Tras almorzar, los invité a una de las casetas que montan las peñas flamencas de la ciudad y por las casualidades de la vida se organizó espontánea una fiesta por bulerías que difícilmente olvidaremos. Al final de la tarde, colmados de flamenquería jerezana, se me acerca uno de los visitantes y me dice que no comprendía nada. Yo intenté explicarle con breves palabras que significan la fiesta flamenca, el compás, la algarabía de lo jondo… Pero no era eso. Lo que realmente me quería decir que no entendía en absoluto cómo no se cobraba dinero por entrar en Real de la feria jerezana porque jamás habían recibido tantos impactos emocionales en tan poco tiempo. Curioso.
En efecto, los jerezanos podemos presumir que si bien nuestra feria no tiene que ser por fuerza la mejor del mundo, si es cierto que es la única que puede celebrarse utilizando recursos propios y autóctonos. Ahí están nuestros vinos, nuestros caballos y nuestra música particular: el flamenco que añade ese plus de duende a lo que ocurre sobre el albero de nuestra ciudad efímera.
Tendríamos que mirar muchos años atrás para ver cómo eran aquellas ferias en las que aún no se habían instalado las megafonías y donde el pueblo era el encargado de amenizar las jornadas al son de su propio compás, el de la bulería. Ese patrimonio oral al que tanto hemos contribuido los jerezanos y jerezanas a lo largo de la historia.
Vino, mostrador y cante era una estampa que se repetía con insistencia, año tras año, en la feria de nuestros abuelos. Era una feria que apenas contaba con elementos foráneos para celebrarse. Luego, estaba aquellos lugares emblemáticos de la jondura alunarada como la mítica caseta de la Maora, madre de toda la saga de los Moraos jerezanos donde las voces flamencas lloraban y reían a la vez de gozo hasta el amanecer. Una caseta que frecuentaban todos los flamencos de la tierra y de fuera de ella y en la que se vivieron estampas inolvidables, como cuentan los más viejos del lugar. Una caseta que por singular anunciaba los precios en lenguaje achipí calí. Por citar un ejemplo significativo.
Más tarde, llegaron los altavoces y el liderazgo de las participativas sevillanas se hicieron dueñas de la cita por razones lógicas Una circunstancia amable si la comparamos con la intrusión de músicas modernas tan ajenas a nuestra forma de concebir la fiesta primaveral.
Por fortuna, el antiguo papel de dar sitio al cante en la feria fue retomado por nuestras peñas flamencas que, como Los Cernícalos, llevan más de cuarenta años en custodiando al duende flamenco en el Real. Ellas han sido las que han propiciado que el flamenco siga teniendo un sitio destacado y no se pierda la genuina esencia de celebrar la vida al compás de la bulería autóctona de nuestro Jerez.
Este año que la UNESCO ha nombrado al Flamenco como patrimonio inmaterial de la Humanidad y se hacía necesario este homenaje de dedicarle nuestra Feria del Caballo. Quizás porque, al margen de lo burocrático, el cante, el baile y el toque están adosados a los mismos cimientos de la ciudad y de todas sus manifestaciones culturales y lúdicas que la vertebran a lo largo del año.
El alma de Jerez resuena a compás, una brisa enduendada que recorre los rincones de nuestra feria con su sangre hecha vino y con un latido, al ritmo de la bulería, más universal que nunca.
Actuación Flamenca en la feria de Jerez que patrocinó la entidad BBK




