Una realidad y un mito del flamenco: Paquirri Guanter

2. agosto 2011 | Por | Categoria: Investigación

Publicado por Juan Antonio Fierro Cubiella  en Diario de Cádiz 13.08.2010

Uno de los más llamativos personajes del flamenco, que estuvo avecinado en Cádiz en la primera mitad del siglo XIX, fue Paquirri Guanter. Las noticias sobre el mismo son muy limitadas e incluso legendarias, tanto que lo han llevado al ámbito del mito, aunque su existencia fuera real. Situación que hace que sobre él sobrevuelen las más diversas teorías e hipótesis sobre su origen y trayectoria artística. Para Quiñones, basándose en el apellido, era de oficio ‘guantero’, vivió en la calle Cristóbal Colón y murió envenenado. Para otros era de origen francés, catalán valenciano, etc. Más recientemente, algunas noticias de prensa fechadas en septiembre de 1846, enero y septiembre de 1947, nos descubren a un cantante y guitarrista de diez u once años que ya formaba parte de la programación y actuaba como estrella de algunos de aquellos teatros gaditanos de la época (Balón y Principal).

Niño prodigio que de poderse identificar con aquel artista tendríamos un personaje excepcional, al que se le suelen adjudicar cuatro estilos de soleares, cuando se cree que fallece a los 19 años. Ya con este enmarque cronológico nos propusimos ampliar información sobre el personaje a través de los principales y más diversos archivos y bibliotecas de nuestra ciudad. Y aunque realmente se constató la existencia de un individuo avecinado en Cádiz con el nombre de Francisco Guanter Espinal, de profesión barbero o de la mar, nos faltaba -a nuestro parecer- la conexión determinante necesaria que lo vinculara con el artista apuntado, junto con otros datos falta de encaje pero base de cualquier justificación. Todo ello, acompañado de los más diversos archivos y bibliotecas locales. Como antecedentes, hemos de apuntar que sobre dicho artista flamenco y el problema de su identificación ya se habían hecho públicos algunos trabajos, realizados por Fernando Quiñones y más recientemente, y entre otros, por Gamboa, Faustino Núñez en su Afilador de noticias, o bien de manera más extensa por Antonio Barberán con Paquirri: el Guante: nuevos datos documentados.

Pero volviendo a nuestro artista mítico, lo más difícil que nos resulta justificar es su perfil personal. Es decir, ¿puede un niño de diez años ser un genio de tal calibre que forme parte de un espectáculo, sin una preparación o estudios previos; con el simple bagaje de un autodidacta? La realidad es que personalmente lo consideramos difícil, aunque no imposible. Pero una segunda cuestión nos puede definir esta primera: ¿puede una familia de clase humilde prescindir de este recurso económico y no explotarlo de lo que pudo llegar a ser ‘un Mozart del flamenco’, para dedicarlo al oficio de la mar o de barbero? Estimamos que no. El artista que valoramos no debía cantar o tocar la guitarra para comer, de ahí las limitadas noticias de actuaciones que las haría por otros motivos, debiendo por tanto pertenecer a otra clase social y pudiendo justificarse entonces aquellos estudios previos necesarios que potenciaran sus actitudes innatas. Por todo ello, y aunque estimamos esta opción como la más probable y a la que nos adscribimos, no debemos olvidar ni desechar todavía otras líneas de investigación que hemos iniciado, participando con ello con la idea expresada por Javier Osuna en estas mismas páginas el pasado 4 de julio: “En el arte flamenco, como en cualquier otra disciplina, hay que ser muy cauteloso. Las verdades absolutas escasean y no abundan las certezas”.

Entre aquellas opciones, la que nosotros hemos trabajado toma base la valoración del apellido ‘Guanter’ como una transcripción al oyente castellano de los sonidos fonéticos en otro idioma, caso de iguales características al proceso al que como vimos en la primera parte del artículo ocurría con ‘Alex Mendoza Archi’. En esta ocasión, en un primer momento podríamos suponer como original de dichos sonidos  ’Wanter’ (guanter) o bien ‘Wanted’ (guanted): que correspondería a ‘buscador o buscado’ si quisiéramos hacer una traducción. Precisamente, los registros de defunciones incluían una persona de dicho apellido, ‘Francisco Wanter’, fallecido a mediados del siglo XIX. Pero su partida de defunción nos descubría una nueva deformación de aquel apellido y que realmente se trataba de Francisco Van Herch, de origen holandés y cónsul de los Países Bajos en nuestra ciudad, además de comerciante y consignatario de buques. ¿Puede ser este aquel artista que se anunciaba en los diarios de la época? Sobre dicho particular y aunque se ajusta al perfil que se ha expuesto, la verdad y siendo honestos nos encontramos con el mismo problema que en el primer supuesto: es decir, la conexión determinante y necesaria para confirmarlo. Continuando sin respuesta nuestra duda, ¿estamos también ante un caso como el Alex Mendoza, Archi, donde un artista del flamenco tiene padre extranjero y madre española? Nada se puede confirmar o excluir sobre esta hipótesis de momento, no debemos olvidar que estamos ante uno de los mitos del arte flamenco.

oooOOOooo

A continuación recordamos el magnífico trabajo sobre Paquirri El Guanter de nuestro buen amigo Antonio Barberán, que se publicó en La Voz de Cádiz el 16 de noviembre de 2008.

“PAQUIRRI EL GUANTÉ”: NUEVOS DATOS DOCUMENTADOS.-

El 29 de noviembre de 2006, se publicó en este medio, un artículo de opinión, rubricado por Juan José Téllez, titulado “Toda la verdad sobre Paquirri el Guanté”. Como quiera que la susodicha noticia, debió aclarar la procedencia, -errónea en parte-, pues atribuye el seguimiento de la pista genealógica de dicho cantaor, al musicólogo y buen amigo Faustino Núñez, cuando dichos datos fueron aportados por el que suscribe, quisiera, con el permiso de los lectores, biografiar -en la medida de lo posible-, al ya menos “misterioso” cantaor y guitarrista “Paquirri el Guanté”.

Antes que nada, aclarar, que si no es por la previa investigación de Faustino, publicada en el estupendo libro de José Manuel Gamboa “Una historia de flamenco”, el presente trabajo nunca hubiera llegado a buen puerto. Faustino localiza en el periódico gaditano EL COMERCIO, a un joven Guanter de diez años, actuando el 28 de enero de 1847 en el Teatro El Balón y en donde interpretó las siguientes canciones; El Currillo, El Pescador y El Polo. Igualmente localizó otra noticia del mismo año, acaecida el 13 de septiembre, donde nuevamente el joven Guanter, actúa, esta vez en el Teatro Principal -cosa inusual para espectáculos de este corte- y en donde él mismo se acompaña a la guitarra y canta “El jaleo de la Gariana”, y el “Polo Andaluz”.

Gamboa y Faustino, que tanto montan, montan tanto, ya apuntaron, la posibilidad de que “este joven Guanter”, fuera el famoso y enigmático “Paquirri el Guanté”, aunque lo hacía de nacencia francesa o catalana. Pues bien, estos valiosos datos, me llevaron a investigar al referido sujeto en los Padrones de Habitantes de la Ciudad de Cádiz, localizando los siguientes:

Se llamó Francisco Guanter Espinal y nació en el Puerto de Santa María en 1834 y no ejerció de guantero, como conjeturaba Fernando Quiñones, vía la información aportada por Aurelio Sellé, sino primero de barbero, y posteriormente de marinero, al igual que su padre, llamado Mariano Guanter y nacido en Valencia en 1806 y muy posiblemente dedicado a la pesca de Bou, técnica de arrastre, muy usual en la época y en donde destacaban los marineros levantinos.

Su madre Jacinta Espinal Torres, nació en Morón, -Localidad muy vinculada al cantaor sevillano Silverio Franconetti-, aproximadamente en 1802 y se dedicó a labores de lavandería.

En 1844, aparecen empadronados en la calle Sopranis nº 92 primero izquierda del Barrio de Santa María, aunque ya llevaban algunos años de residencia en la Capital. Posteriormente viven en otros domicilios del mismo barrio, sobre todo en la Calle Santo Domingo nº 55 y 150 respectivamente.

En 1852, viven en la calle Santo Domingo nº 55 y Francisco aparece con la profesión de Barbero, profesión muy vinculada al toque de guitarra y donde es muy posible que Paquirri aprendiera a tocar la misma.

En 1853, siguen en idéntico domicilio. Paquirri aparece con la profesión de marinero, al igual que su padre y hermanos. A partir de dicho año, ya no se encuentran referencias de esta familia, aunque sí de su hermanastro Antonio Guanter Ruiz, marinero de profesión, natural del Puerto de Santa María e hijo del primer matrimonio del Padre, al cual localizo en 1906 en la calle Suárez de Salazar nº 16 bajo, viviendo solo, viudo y con 82 años de edad.

Hasta aquí los datos referidos a sus apellidos, familia, edad y vecindad.

Fernando Quiñones en su conocido libro “De Cádiz y sus Cantes” lo suponía nacido en el siglo XVIII, con el oficio de guantero, y según sus últimos testimonios, residente en la gaditana calle Cristóbal Colón. Así mismo supuso que murió joven y en Madrid, vilmente envenenado por un marido celoso.

Concluida la primera parte en la cual se demuestra fehacientemente que no ejerció de guantero, al menos en sus primeros años y que tampoco vivió en la calle Cristóbal Colón, si he de decir que los últimos datos aportados por Quiñones, casan sobremanera con los localizados por el que suscribe, aunque con algunas diferencias.

En el periódico madrileño LA IBERA-DIARIO LIBERAL de fecha 15 de mayo de 1862, publicó la siguiente noticia:

“Murió en la cárcel. El popular guitarrista andaluz conocido por Paquirri, que fue envuelto en la causa de incendio y asesinato de la calle de la Paz, ha muerto, según un colega, en el calabozo en que se le encerró. Sentimos doblemente esta desgracia, pues parece ser cierto que estaba inocente del crimen que se le imputaba.

Ya que de esta causa nos ocupamos, diremos que ha sido absuelta libremente la familia que en unión del citado Paquirri fue presa por creerla también comprometida en este horroroso suceso.”

Idéntica noticia fue publicada en el periódico madrileño EL CLAMOR PÚBLICO, el día 17 de mayo de 1862 y tres días más tarde, es decir el 20 de mayo de 1862, el periódico barcelonés EL LLOYD ESPAÑOL, se hacía eco de la misma noticia.

Es obvio que el guitarrista apodado Paquirri, de origen andaluz, aunque no aclara ambas noticias su localidad de nacencia, gozó de popularidad, tanto en Madrid como en Barcelona, pues no tiene sentido que en esta última Ciudad, se haga eco de su temprana muerte, vía corresponsalía.

Con objeto de ahondar en la noticia, localicé el crimen imputado erróneamente a Francisco Guanter, publicado en el diario LA IBERIA de fecha 20 de diciembre de 1861, y que resumo de forma breve: En la Calle de la Paz madrileña, asesinaron vilmente a una niña de 12 años de edad, ahijada de la dueña de una pensión, en la que es muy posible que pernoctara nuestro desgraciado Paquirri. El crimen fue muy comentado en la prensa madrileña, pues amén del asesinato y robo, también prendieron fuego a la víctima.

En 11 de enero de 1862, el periódico madrileño EL CLAMOR PUBLICO, publicó lo siguiente:

“A chirona.- Estos días han sido presas seis personas, entre ellas una mujer conocida por la Farfana, un negro y una negra que vivían en su compañía, y el tocador de guitarra llamado Paquirri, contra los que resultan graves indicios de que hayan tenido parte en el crimen cometido hace pocos días en la calle de la Paz.”

Y Paquirri ingresó junto a los citados y varios estudiantes más encausados, en la cárcel del Saladero madrileña, establecimiento penitenciario que se encontraba enclavado frente al Convento de Santa Bárbara, en los entonces, límites de la ciudad.

Era evidente que tanto las noticias localizadas por Faustino Núñez, como los datos genealógicos y fallecimiento aportados, casaban perfectamente.

Pero hay que tener rigor y la investigación debía continuar su curso, hasta determinar si el fallecido en la Cárcel del Saladero en 1862, se correspondía con el señor Francisco Guanter Espinal localizado en Cádiz, o por el contrario, era otro individuo. A tal efecto y ante la imposibilidad de desplazarme a la Capital de España a comprobar dicho extremo, le solicité al amigo D. Antonio Cristo Ruiz, investigador de ley y residente en Madrid, buscara en los libros de defunciones del citado año, con los datos que localicé en el Archivo Histórico de Cádiz y prensa madrileña, al ya cada vez “menos enigmático”, Francisco Guanter.

Tras dificultosas pesquisas en varios Organismos oficiales, al final su tesón proporcionó los frutos deseados. Hace escasamente unos días y proveniente del Archivo Histórico madrileño, me fue remitido por el Sr. Cristo Ruiz, copia del libro de defunciones del año 1862 (microfilm 722/97 de 36 mm), periodo enero-abril de 1862 y en el que puede leerse con total claridad, los datos siguientes:

Nombre: Francisco Guanter

Día del fallecimiento: 03 de marzo de 1862

Naturaleza: Cádiz

Edad: 27 años

Estado: Soltero

Profesión: Preso

Enfermedad de la que falleció: Repentina (enterrado el día 4 de marzo)

Otorgó testamento: No

Domicilio: Cárcel del Saladero

Nombre de los Padres: Mariano Guanter y Jacinta Espinal (Cádiz)

Enterrado en el Cementerio: Norte

¡Pobre Paquirri!, falleció en la cárcel de forma repentina (¿envenenado?) y acusado de un crimen que no cometió.

No obstante lo anterior y pese a su temprana defunción, se nos antoja que Paquirri fue un portento flamenco, que nos legó para la historia de esta Ciudad, cuatro imborrables estilos de soleá, de las cuales; las tres primeras fueron impresionadas de forma impecable por Aurelio Sellé en 1929, 1959 y 1962. Soleares que denotan propensión al baile, por su arcaísmo. .Su cuarto y último estilo, fue cantado en 1922 en el Concurso de Cante Jondo de Granada por el vencedor del mismo, el Tenazas de Morón. Este estilo está considerado, como “soleá apolá”, pues es uno de los géneros que se utilizan para rematar o cerrar, el Polo o la Caña.

Que Paquirri, amén de cantaor, fue un guitarrista puntero, no cabe duda alguna, amén de lo escrito por Quiñones y noticias insertadas, a colación viene lo publicado por el escritor y folklorista ecijano Benito Más y Prat, en la revista LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA de fecha 30-07-1882:

“Para tocar, se han pintado solos Patiño, Paquirri, el Colirón, Patricio, Enrique el del lunar y Paco el Jerezano”.

Blas Vega en su libro “El Flamenco en Madrid” (Edit. Almuzara – 2006), localiza una cita de Paquirri en Madrid, en un libro publicado en 1863, es decir, un año después de su fallecimiento:

“Silverio en Madrid” (pag. 101)

…/…

“El que va aclarar el tema es Alfonso García Tejero, escritor, poeta y novelista de temas populares andaluces y madrileños. En 1863 se publica en Madrid su novela titulada MADRID DE NOCHE, posiblemente la primera novela de tema flamenco, cuya acción se desarrolla en la década de los cincuenta, donde el cantaor y tocaor Frasquito Esparaván es el personaje, donde no faltan los bailes, y se citan playeritas, rondeñas, fandangos, soledad, polo y granadinas. Pero el dato que me parece más importante es la valoración de Frasquito “tan conocido en Triana como en el Perchel, y a orillas del Genil, como en los alegres y bulliciosos barrios de la corte”, junto a “los ya célebres “el Fillo” (de quien aclara “Gitano legítimo de Triana, rey de los cantaores”), “Silverio”, “Juan de Dios” (Espada), “El Granadino”, “Mateo”, “Paquirri”, “Villegas”, “Borrego” y otros que han sido las delicias en las veladas y fiestas populares de Madrid y de otras bulliciosas ciudades”, lo que indica una práctica habitual del flamenco en Madrid, con los datos reveladores y auténticos”.

Interesante es también la cita del Sr. Blas Vega en su libro “Silverio. Rey de los Cantaores” (Ediciones La Posada – Córdoba 1995- Pag.- 97)

“…/…

- Por el testimonio de una sevillana de su época, Joaquina de la Vega –nacida en 1832-, en declaraciones al diario “El Liberal”, en 1928, además de sus imponderables soleares, La Serneta también cantaba “martinetes, polos y siguiriyas”.

- Según Joaquina de la Vega, en entrevista que concedió al periodista Galerín, en su casa, situada en la Cava de los civiles de Triana, concretamente en el callejón de los Estudiantes (hoy Magallanes), fue lugar en el “que vivió allí muchos años” la cantaora, y allí también se reunía para cantar, alrededor de 1870, junto con Paquirri, Antoñillo El Pintor y Santamaría, ejerciendo de tocaor el hermano de la propia Joaquina “que tocaba muy bien la guitarra”.

Muy interesante la cita rescatada por Blas Vega, pues la citada Joaquina de la Vega, nació casi en el mismo año que Paquirri, aunque quizás por su avanzada edad en 1928, erró en la década en la que ocurrió los hechos contados al periodista Galerín, pues debió ser la década de los años 60 del siglo XIX y no la de los 70.

Lo cierto del caso es que Paquirri también frecuentó los ambientes flamencos sevillanos, muy posiblemente a partir del año 1853 en los cuales ya no se localiza dato alguno en los Padrones de habitantes de Cádiz.

La ruta artística de estos dos geniales solearos, fue clara, de Cádiz y Jerez, hacia Sevilla y de la capital andaluza a Madrid.

A colación viene una nueva cita, esta publicada el 31 de agosto de 1928, en la Revista NUEVO MUNDO, artículo firmado por el periodista Alfonso Contreras:

LOS MAESTROS DE ANTAÑO – RAFAEL MOLINA “LAGARTIJO”

“Bebía mucho, y le gustaba ver salir el alba oyendo las Soleares de Paquirri y las Seguiriyas de Silverio.

Conocía los caldos de la tierra por el olor y tiraba por lo alto la manzanilla y la recogía en una caña sin perder una gota”. Y si no temblaba frente a los toros, tampoco le tuvo miedo a los hombres. En una juerga, un mandria o budalaque se “desmandó”, y empujado por el vino sacó una faca. Lagartijo se fue al “tío cenizo”, le quitó el arma, y le dijo, mirándole a los ojos:

- Guárdate esa herramienta. Se pueden asustar los niños”.

“Soleares de Paquirri y Seguiriyas de Silverio”, magnífica cita donde nombra a los dos “ases” del momento, cada uno en su respectiva especialidad y en donde se deja entrever que ambos cantaores actuaron juntos, muy posiblemente en Sevilla. Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”, recordemos, nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1841, es decir, tenía 21 años de edad a la fecha del fallecimiento de Paquirri.

Por otro lado, encuentra cierto acomodo la hipótesis de Fernando Quiñones, referente a las Alegrías de Córdoba, las cuales las hacia provenientes de las de Cádiz y pasadas por el tamiz de Paquirri, sin embargo, este hecho no lo termino de compartir del todo, ya que pienso que muy posiblemente fuera –obra y gracia- de Teodoro Guerrero Cazalla “Quiqui”, primer cantaor conocido de Alegrías gaditano y del cual el Diario de Cádiz, publicó la siguiente noticia el día de su fallecimiento:

DIARIO DE CADIZ – SUPLEMENTO AL NUMERO DEL SABADO 01/07/1905

“Muerte repentina:

Esta madrugada, encontrándose en el restaurante “El Siglo”, Teodoro Guerrero Cazalla, conocido por el << Quiqui>>, de 70 años de edad, fue acometido de fatigas, con vómitos de sangre, trasladándose a la Casa de Socorro, en donde falleció, constituyéndose allí el Juzgado, que dispuso la traslación del cadáver al depósito.

El finado era persona muy conocida por haberse dedicado desde su niñez al cante flamenco, en alguna de cuyas especialidades era competente, poseyendo además hermosa voz, que había perdido de algunos años a esta parte.

Figuró en los principales cuadros de cante andaluz, cuando hace tiempo este se encontraba en su apogeo, y no había población andaluza en donde no funcionara uno o dos cafés de esa índole. Era persona de buenas cualidades y carácter.Descanse en paz”

En cuanto a su faceta de bailaor, del cual no he encontrado referencia alguna, bien podía ser nuestro Paquirri, por las fechas del suceso, el simpático personaje de esta historia;

LA IBERIA (Madrid) 09-04-1861

“MADRID A MEDIA NOCHE. Ocurren en la villa del oso y del madroño a las altas horas de la noche y muy especialmente los sábados y los domingos, escenas sumamente originales, variadas y pintorescas.

Es muy posible que de la mayor parte de ellas tenga el vino la culpa; pero de todos modos, prestan esas escenas largo asunto para artículos y gacetillas.

Frente al teatro de Variedades, y a un lado del café del mismo título, cuestionaban en la noche del domingo varios individuos con tres serenos, que, apoyados en sus chuzos, parecían dispuestos a hacer valer su autoridad serenil.

Esta disputa, con hombres de discusión, en que los personajes daban espantosas voces, hizo que algunos transeúntes dispersos se fueran aproximando formando así un gran grupo.

- Vd. no puede impedirme, -decía un hombre pequeño a un sereno, casi tan largo como el presidente del Consejo de ministros,-que yo baile una soleá.

- Estas no son horas de bailar,- replicaba el sereno, que iba perdiendo parte de su serenidad.

- De modo, que si yo le convido a Vd. a tomar una copa…

- Mire Vd. con quien habla, ya yo no me vendo por una copa, tenga Vd. más carácter.

- Menos campanillas y más cebá -exclamaba uno de los amigos del de la soleá, dando cierto colorido local al diálogo, que después de infinitos giros y peripecias, terminó yéndose cada cual por su camino.

Los serenos, que querían a toda costa llevar al cajón a los insurgentes, transigieron al fin volviendo a cantar la hora, y los bailarines nocturnos dejaron para mejor ocasión su extemporáneo jaleito.Estas escenas a media noche, son más para vistas que para contadas.”

Se cierra pues un capítulo desconocido de la historia flamenca de esta Ciudad. Seguiremos informando.

Antonio Barberán

Tags:

4 comments
Deja tu comentario »

  1. Estimado Sr. Fierro, tengo decenas de noticias con niños desde cinco años en adelante actuando en las tablas del Balón, El Circo y El Principal, que con mucho gusto le puedo facilitar. Como sabe usted en aquellos años era más que habitual que actuaran niños de corta edad en los teatros, no solo en España. Las noticias que encontré de 1846 y 1847 apuntaban a que podía tratarse de Paquirri, mientras Gamboa y Barberán siguieron la pista y concluyeron que bien podría tratarse del gran cantaor y guitarrista. El hecho concluyente, en mi opinión, es el repertorio que canta un jaleo (antecedente de la soleá) y un polo. El rigor en la investigación no está peleado con que distintos investigadores apuntemos en una u otra dirección. Nadie pretende sentar cátedra sino abrir nuevas lineas de investigación. Le confieso que muchas veces pienso que en mala hora encontré las dichosas noticias, me están costando más disgustos que alegrías.
    Atentamente
    Faustino Núñez

  2. gracias por esta historia que logra despertar como un interés muy grande en lo que respecta a la historia de la guitarra como tal. Además de esta gran cooperación entre la historia y el desarrollo de las clases de guitarra, podemos encontrar otras muchas interesantes historias alrededor de las seis cuerdas.

  3. Animo Faustino.Sigo y admiro tu trabajo; ya era hora que investigadores con conocimientos musicales se atrevan a estudiar los orígenes del flamenco aunque algunos-anclados todavía en alguno de los delirios de la flamencología tradicionalista-no entiendan que el flamenco es ante todo un fenómeno musical.

  4. interesante el articulo porque en esto del flamenco llega un momento a lo que uno no sabe a lo que atenerse.como por emplo toda la vida crellendo que la peterena de cadiz ,paterna de la ribera ahora la hace de origen mejicano y la ponen de los cantes hispanosamericanos.gracias

Deje su comentario